Quien hojee hoy Las aventuras de Tintín con una mirada contemporánea descubrirá algo que llama la atención de inmediato: las mujeres prácticamente no existen. No es solo que tengan papeles secundarios; es que, en la mayoría de los álbumes, simplemente no aparecen.
Durante décadas, este hecho ha alimentado la idea de que Hergé era misógino. Sin embargo, la cuestión es más compleja y probablemente más interesante.
Un mundo casi sin mujeres
El universo de Tintín está poblado por marineros, científicos, policías, contrabandistas, exploradores, dictadores, periodistas y aventureros. Allí encontramos figuras inolvidables como el capitán Haddock, el profesor Tornasol o Hernández y Fernández. Pero las mujeres son una rareza absoluta.
Cuando aparecen, lo hacen de manera muy puntual. En Las joyas de la Castafiore, por ejemplo, encontramos a la célebre cantante Bianca Castafiore y a su séquito, uno de los pocos momentos en que el universo tintinesco se abre a personajes femeninos con cierta presencia.
Y aun así, su papel está construido desde un tono humorístico o caricaturesco.
El contexto de una época
Para entenderlo hay que mirar el contexto en el que se publicaron las primeras aventuras de Tintín, a partir de 1929.
El cómic de aventuras de la época —especialmente el destinado a un público juvenil— estaba dominado por historias de acción, exploración y viajes, ámbitos que en la mentalidad europea de principios del siglo XX se asociaban casi exclusivamente a los hombres.
Además, Hergé trabajaba dentro de un marco editorial muy concreto, el del semanario Le Petit Vingtième, dirigido a jóvenes lectores y profundamente influido por valores conservadores de su tiempo.
Muchos estudiosos han señalado que su galería de personajes funciona casi como una comedia humana masculina: amistades, rivalidades, camaradería, torpezas, heroísmo y absurdos compartidos entre hombres muy distintos entre sí.
En ese sentido, el universo de Tintín no es tanto un mundo contra las mujeres como un mundo que simplemente no las integra.
Un silencio que hoy se hace visible
Lo que durante décadas pasó casi desapercibido hoy resulta muy evidente. La sensibilidad contemporánea —especialmente en un contexto como el del 8 de marzo— nos invita a releer estas obras con nuevas preguntas.
Estas preguntas no restan valor a la obra de Hergé. Al contrario: la enriquecen, porque permiten observarla también como producto de su tiempo.
Imaginar a Tintín hoy
Y aquí aparece una reflexión inevitable.
Si Las aventuras de Tintín se crearan hoy, probablemente serían diferentes.
El espíritu de exploración, curiosidad y aventura seguiría intacto, pero el mundo que Tintín recorrería sería otro. Un mundo donde científicas, periodistas, arqueólogas, pilotos o investigadoras formarían parte natural del equipo de protagonistas.
No sería una concesión ni una corrección política: sería simplemente reflejar el mundo actual.
Un clásico que también invita a pensar
Las grandes obras tienen algo especial: sobreviven a su tiempo y permiten ser releídas desde nuevas miradas.
El universo de Tintín sigue fascinando por su sentido de la aventura, su humor y su capacidad de transportar al lector a cualquier rincón del planeta. Pero también nos recuerda cómo han cambiado nuestras sociedades.
Incluso —o quizá especialmente— cuando nos preguntamos por quienes casi no aparecían en sus páginas.





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